EXCURSIÓN POR LA CALZADA ROMANA ENTRE PIEDECONCHA Y PESQUERA (CANTABRIA)



Piedeconcha
Abrevadero
Hoy salimos para Cantabria y directamente hacia Bárcena de Piedeconcha.

Se trata de recorrer el tramo de calzada romana1 que hay entre este pueblo y Pesquera. Bárcena de Piedeconcha está en la carretera que va de Torrelavega a Reinosa.
En las últimas casas del pueblo saliendo hacia Pujayo, sale a la izquierda el antiguo camino que buscamos. Tiene buena pinta: ancho, empedrado, de pendiente llevadera. Echamos pie a tierra y empezamos la ruta.
Parte faldeando y desde el principio observamos las grandes losas de cuarcita del pavimento. A los lados quedan prados cercados por paredes, en el fondo del valle se ve el pueblo del que salimos. El enlosado deja a los lados unas cunetas bastante profundas, perfectamente marcadas y bien conservadas.
Al poco de salir da una pronunciada curva a la derecha, a la izquierda hay un pinar -Pinus radiata-. La pared del pinar está construida con bloques similares a los de la calzada -acaso alguno de ellos tenga en ella su origen- que se colocan repitiendo la misma estructura: piedras grandes casi  a modo de pequeños menhires y entre ellas otras de menor tamaño y formas irregulares.
Este tramo se conserva bien, se camina muy cómodo, y tiene una buena panorámica del valle. Al llegar al final se ve a la derecha, refugiado en un recoveco de la montaña, un pueblecito de casas apiñadas de paredes blancas y tejados rojos, es Pujayo. Después se llanea durante un corto trecho; a la derecha hay grandes prados cercados por paredes con algunos lienzos de las mismas características que las encontradas antes. Se sale a una pista que se superpuso a la calzada -aquí hay que seguir por la izquierda, hacia arriba y muy pronto aparece de nuevo a la derecha la calzada antes sepultada. En este tramo, que es casi llano, se encuentra un abrevadero con fuente de agua potable de grandes dimensiones, y enseguida se llega a Mediaconcha. Es una aldea abandonada que conserva algunas casas en pie que parecen ocupadas ocasionalmente los fines de semana. Pequeños canes rondan por allí pero no molestan, ni ladran (Antón paseaba encantado). El camino entra en el pueblo y sale por el otro extremo. Continuando con nuestra ruta, en una cuadra, encontramos lo que parecía ser uno de estos modernos “bares” llamado “El quinto mandamiento”. Llamamos con timidez y salió un hombre de mediana edad portando un vaso de vino, creímos que era un bar e iniciamos prudente conversación -nosotros en el camino y él en el marco de la puerta- porque parecía poco hospitalario. Una voz desde arriba participa y pronto aparece su propietario que nos dice que él es el único vecino, y episódico, del pueblo. También nos informa de que el establecimiento -o lo que sea- no estaba abierto al público. Al preguntar por los vecinos que tiene o tuvo el pueblo, otras voces interiores contestan con tono entre la burla y la hostilidad. El peso de las conversaciones lo llevó Luisma. Decidimos continuar el viaje lo más pronto posible; parecía un sitio perfecto para ocultar un secuestrado. La última construcción del pueblo, ya en la salida, es una iglesia en ruinas. El camino entra ahora en un bosque mixto y alcanza su máxima belleza.
El adoquinado es perfecto y presenta dos mordiscos equidistantes que parecen hechos por el desgaste de las ruedas de los carros a lo largo de los siglos. El bosque tiene castaños, alisos, avellanos, y en algunas zonas el camino está cubierto por las hojas. Mantiene su calidad de trazado y firme. Se sale a un descampado -a 711 m- que es la cota más alta que se alcanza y desde donde se inicia el descenso hacia Somaconcha. Somaconcha es un pueblo del que sólo vimos la iglesia -hermoso edificio- y también parece deshabitado. Aquí termina la calzada, que se desarrolla entre Bárcena de PiedeconchaSomaconcha
Iniciamos el descenso hacia Pesquera por carretera. Nos llevó el recorrido unas 2 1⁄2 h. Llegamos a Pesquera y salimos a la carretera general, barrio de Ventorrillo (¡que nombre!, ¡ya debimos sospechar!). Al poco tiempo llegaron Tomás y Juan Carlos que ya habían ojeado un buen sitio para comer. ¡Santa Lucía les conserve la vista! Parecía remozado recientemente.
Fuimos atendidos por un zagal con ojos azules, algo vidriosos –y saltones- y muy lento de reflejos, que con poca gracia, nos refirió la corta carta. El que estaba tras la barra, parecía su jefe, era un joven gordo y barbudo con andar de zápele-zápele. Para mí tengo que la mala elección del mesón depende más del azar que de la buena voluntad del elector, porque no siempre hay signos externos fiables en los que apoyarse.
Marchamos con la intención de ver algo interesante por el camino y pensamos en salir a Ontaneda por la carretera que parte de Villasuso (Cieza) y pasa por Villayuso, pero un lugareño nos contó que no se puede pasar en coche, está prohibido (entraríamos en la Reserva Nacional de Saja) y, además, tiene mal firme. Dimos marcha atrás y paseamos por Riocorvo, hermoso pueblecito con la típica arquitectura cántabra2
De aquí pasamos a Yermo para ver su iglesia románica3 y emprendimos el regreso.



1. Las calzadas romanas tenían un ancho entre 4 y 6 m, y de 0,5 1 de profundidad. El firme se componía de cuatro capas: la inferior hacía de cimiento y estaba formada por piedras grandes; encima otra de piedras pequeñas; una tercera de grava; y la superior de cascajo y cemento o empedrada. Estas vías eran aptas especialmente aptas para el movimiento de tropas, viajeros con poco equipaje y jinetes con correspondencia. Para el movimiento de mercancías se empleaban carretas. Esta que hoy recorrimos enlazaba Portus Blendium (Suances) con Amaia (5 pueblos rodean Peña Amaya: Amaya, al S de este monte; Puentes de Amaya al NO; Cuevas de Amaya al SO; Salzar de Amaya, y Cañizar de Amaya) a través de Iulóbriga (a 3 km al S de Reinosa, en Retortillo) , Aradillos (Aracillum), por donde hoy va el ferrocarril Palencia-Santander, por el valle del Besaya. Es el camino estratégico por el que penetró Augusto desde Segisamo (cerca de Sasamón, junto al río Brulles, en el Cotarro de San Pedro).
2. El paisaje agrario dominante en Cantabria es un mosaico de pequeñas explotaciones, la mayoría está constituido por prados permanentes y el resto pequeñas fincas de labradío dedicadas a maíz, patatas o forrajes. Las casas de Cantabria son de piedra, prismáticas, muy sólidas, muchas blasonadas. Todas parecen solariegas independientemente de su tamaño. La mayoría tienen solana (corredor) y un porche bajo ella. Además de la volumetría, el buen gusto, el entorno cuidado y la calidad de los materiales, el espacio urbano aparece ordenado, no hay huecos ni solares vacíos que acumulen desechos. Comparando con los pueblos castellanos hay una gran diferencia. Da la impresión de todos los campesinos son ricos, pero lo que sí tienen todos es un gusto exquisito para adecentar el entorno de sus viviendas. Estos modelos penetran en Asturias claramente hasta Llanes y a medida que se avanza hacia el O se van difuminando hasta desaparecer en el meridiano de Ribadesella. Santander fue el centro de aprovisionamiento de Madrid, y salida natural de Castilla la Vieja, con lo que canalizó el comercio de la lana y la harina castellana con Cuba y los países europeos de la fachada atlántica, y sus pescadores llegaban hasta Terranova. Con la concesión del libre comercio en 1778 se le inyectó un importante refuerzo para su economía. Este pasado pujante dejó posos visibles que perduran hasta hoy.
3. Está situada en la parte alta del pueblo en un espacio aislado del camino por un murete y un poco más alto, lo que realza su esbeltez. Ya aparece citada en el s. XI dedicada a la Virgen. La actual fue edificada por Pedro Quintana en 1202. Ábside, canecillos y portada son muy hermosos. El tímpano representa un caballero con cota de malla matando un dragón. Muy cerca de Bárcena de Piedeconcha hay numerosas iglesias románicas valiosas, entre ellas la de Silió. Y otras muchas construcciones notables que figuran en cualquier guía y que merecen la visita.



VALLE MORO


20 de abril de 1996

Es de larga duración este recorrido pero sin otros riesgos. Aprovechamos hoy la disponibilidad de coche 4x4. Partimos de Oviedo y, al pasar por Sevares, alguien propone ir por la collada Moandi para salir a Sellaño; por allí iremos.
Taranes
Desde collada Moandi
Pasamos Cazo (que fue concejo independiente en cuanto a rentas reales, levas y quintas de soldados. Se agregó a Ponga en 1827. Hay un torreón medieval), Sellaño1, Mestas, y a Taranes. 
Ya en este último pueblo, cerca de la iglesia se gira a la izquierda y arranca una pista muy pendiente, a los lados hay prados cercados por paredes. A la izquierda, monte bajo y los contrafuertes de la Peña Taranes (1.677 m), por la derecha se abre el horizonte a los Picos de Europa. Por fin llegamos a la primera collada, Collado Taranes (1.078 m), que para nosotros siempre será la de “Las Ranas” por la abundancia de este batracio en las charcas del camino.
Desde Collado Taranes











En esta gran  campera estiramos un poco las piernas.
La pista ahora llanea ondulada. Hay hayedo a ambos lados, es el monte La Corina aunque por la izquierda hay canchales, materiales arrancados en las partes altas y arrastrados por gravedad.
Después pasamos un canal de agua (fuentes de Garrote). Este monte es conocido como La Solana. Ya saliendo, y poco antes de llegar a la collada, se encuentra a la derecha una hermosa cabaña con el techo de piedra, enseguida se alcanza la collada de Llués.

Aquí es obligado parar de nuevo, es una campera en abertal que tiene a la derecha algunas cabañas, prados cercados por sebes y el caño de una fuente (seca). Ya nos asomamos a la cabecera del mítico río Valle Moro.

No se trata de llegar a las minas del rey Salomón pero resulta una importante conquista para nuestro grupo senderista. Ahora sí se deja ver El Vízcares y, sobre todo, el Maoño, Sierros de Pandemules, y las colladas de Traslafuente y Pandemules.
Valle Moro
Por la izquierda se recorta La Llambria (1.749 m)2, se ve el arco -imaginario- que se describe de la Collada de
Desde Piedrafita: Valle Moro, Mota Cetín, mar Cantábrico
Piedrafita y el mascarón del Collaín de la Trapa. Los montes del arco son La Vega, Muniellu, Canga’l Palo y Purupintu. Para llegar hasta aquí salvamos unos 500 m hasta el Collado de Taranes y desde allí llaneamos unos 2 km.
Reemprendemos la marcha. Pasamos una portilla, a la derecha se abre el valle del río Les Cuerries tapizado de hayedo y por la izquierda queda la Peña del Águila. Hay bastante desnivel de bajada hasta la collada Los Llanos (majada del mismo nombre) y, por la izquierda, descolgándose hacia el río, se ven unas cuantas cabañas: son Piedra Blanca, Les Retoyes y Los Pinadales.
Emoción: al frente se ve el pueblo de Vallemoro, las casas se colocaron al borde del cantil contenidas en línea al borde del barranco. El bosque, hayedo, es de singular belleza pero el punto de mira está puesto en el pueblo.
La pista se enrosca,  pasamos otra portilla,  y aquí echamos pie a tierra y empezamos a caminar con intenso placer. Circulamos al pie de un pequeño torrente, entre avellanos.
Llegamos al río en la zona llamada Sota’l Molín, y nuevo problema: ¡no hay puente3!




Queda una viga y, caído, el costillar; entre nosotros unos se alinean sobre el tronco, otros saltan de piedra en piedra y otros se descalzan y pisan el cauce. Ya todos en la orilla opuesta subimos despacito, volviendo la vista atrás frecuentemente, porque ahora calamos los rincones que nos estaban vedados. El pueblo se sitúa por los 800 m, así que subiremos 300. Tomamos el antiguo camino y salimos a las huertas, soleadas, de buen suelo, bastante pendientes y retenidas mediante algunos bancales. Muchas casas están derrumbadas y de otras queda el esqueleto. En vano reclaman la atención los frutales. No vimos la capilla6 ni el cementerio pero recuperé la imagen tomada por Aurelio de Llano Roza Ampudia sobre 1920.

Valle Moro
Valle Moro


Valle Moro

Al asomarnos al canto, pétrea visera, nos asustamos tanto que no llegamos a ver el cauce del río. Impresiona el bosque Semeldón4.
Pa montes Semeldón
pa mayada Curueñu,
pa cocina Treslafuente
pa despeñaderu’l Rasu;
[…]
Quedan en este borde restos de cables y anclajes que se usaron en antiguos funiculares. También había maromas de subir y bajar madera desde La Fábrica hasta el monte que tenemos enfrente, La Trapa, que enlazaban con el camino a Taranes.
Desde Infiesto, A. Roza Ampudia. Encontró 12 vecinos, todos parientes y pese a esto eran altos, rubios, hablando bastante bien el español5, no halló deficientes, y le contaron que morían de puro viejos. Estaban exentos de ir a misa, subía el cura una vez al año para administrar los Sacramentos7. El ilustre viajero encontró a algunos pastores que sabían trozos enteros del Quijote, le dijeron que el maestro de Taranes -se trataba de d. Constantino Melón- recomendaba leer El Quijote, Hernán Cortés y el Gil Blas de Santillana.
Llegamos más arriba, a la parte alta del pueblo, dando vista al Seu los Cabidos, que nace en Traslafuente (o Treslafuente).
Al fondo la collada Traslafuente (1.046 m, da paso a Riofabar), a la izquierda el Maoño (1.418 m), más a la izquierda el Picaretón (1.042 m) y ya hacia donde estamos La Bolera (1.066 m), en cuya falda vemos pastar con total tranquilidad a más de una docena de ciervos. Espectacular resulta el cierre que hacen las peñas un poco más arriba del sitio por el que pasamos (son las foces de Vallemoro) y el gran bosque de La Llambria, también vemos la collada Los Llanos, la pista que nos trajo y el 4 x 4 que nos llevará.
Regresamos. Encontramos el agua más fría, los equilibristas siguieron río abajo hasta encontrar un paso aceptable.
Ahora vemos un molino verde; lo envolvieron los gnomos con musgos, helechos y líquenes. Verde el tejado, verdes las paredes y verde el canal.
La molinera trae corales
y el molinero corbatín;
¿de dónde saquen tanto lujo
si no lo saquen del molín?
Vente conmigo a la fuente
que está detrás del molino,
y al son del agua que corre
háblame de tu cariño
Montera de terciopelo
ya la llevas acabada,
por ir de noche al molino
y volver a la mañana.
Estoy ronco arronquecido,
arronquecí en el molino,
no sé si fue la farola
si el serenito del río.


¡Qué valor tuvieron para humanizar unos cuantos m2! o ¿qué pobreza les obligó a colonizar semejante sitio?
Vuelvo al mundo, retomo el camino, quedé el último y para alcanzarles habré de esforzarme.
Pasada la Collada Llués, ya iniciado el corto descenso que hay antes de llanear, nos vemos detenidos por una manada de vacas que ciega el camino, entre ellas anda el amo y un perro de mil leches. Paramos y, al paso del vaquero, procuramos conversación; despacio y con cautela entra a nuestro trapo (o nosotros al suyo). Es de mediana edad, se le ve satisfecho del mundo y buen conocedor de éste. Alegre sin estridencias, viene relajado y seguro, no teme sorpresa alguna. Da la impresión de estar aquí como pez en el agua. Magro y escurrido, calza madreñas y se envuelve en buzo azul, le hacemos un gesto y se para ante la abierta ventanilla del coche.
Nos interesamos por la vacada y le contamos que venimos de Vallemoro. Corresponde cordialmente y nos cuenta que de resultas de la última nevada (cayó el 21 de febrero, miércoles) encontró el guarda los cadáveres de 86 ciervos7. Tomamos confianza, nos preguntó si habíamos visto venados en las cercanías del pueblo y rápido nos coloca la historia del último grupo de excursionistas que con los bichos a pocos metros y con prismáticos no los veían. ¡Irónico, eh! También contó que durante la última nevada numerosos jabalíes murieron en las cuadras, en las que buscaban refugio, pero no tenían comida y allí quedaban para siempre. Él mismo encontró tres puercos muertos entre la hierba de sus cuadras.
Manejaba un bable con vocablos y giros propios del habla oriental y otros que nos son extraños, pero el léxico era preciso y comunicaba muy bien lo quería. Hasta Taranes el regreso fue una fiesta.
1. Nuestro grupo quiso llegar a Vallemoro otras veces: siguiendo el curso del río desde Sellaño, abandonamos porque el camino desapareció; por esta misma ruta que llevamos hoy llegamos hasta la collada Los Llanos, nos venció lo que faltaba  y el regreso.
2. Las acanaladuras que presenta por esta cara son producidas por las sucesivas avalanchas de nieve que desde la cima se descuelgan y van conformando la roca. Buen espectáculo de geomorfología activa contemplamos en el anterior intento con las avalanchas que cayeron. Los canchales que se ven tienen el mismo origen: fragmentos arrancados al peñasco madre.
3. Según nos contaron, los habitantes de este pueblo salvaban el río mediante unas varas cruzadas de palos menores que hacían tupido el firme llamadas, armaduras; o mediante vigas de orilla a orilla de nombre arrudos. Esta armadura se vino abajo el 26 de noviembre del 95 cuando la cruzaban las vacas de Aurelio, seis cayeron al río, ninguna se hirió y una alumbró gemelos a los diez días.
4. Este bosque fue talado para aportar madera a los buques de la Armada Invencible y mandado plantar por Felipe II. En el último cuarto del s. XIX se formó La Forestal Asturiana para explotar el monte La Llambria (el parragués d. Juan Díaz fue uno de los promotores). Se construyó un trenecito de Sellaño a Semeldón. En 1938 un gran argayo cayó desde el monte La Trapa (se ve el monte desde el cantil del pueblo), taponó el río y se formó un gran pozo (se desatascó en 1952); de este punto, de gran anchura, partía un teleférico hasta el monte La Llambria. El proyecto era de un alemán, la explotación duró hasta 1920 y desapareció definitivamente toda actividad cuando el argayo de 1938. En la zona llamada Palombo, están los restos de La Fábrica, aserradero con energía eléctrica producida por una turbina. La obra va desapareciendo por las crecidas del río. Creo que se trata de la misma empresa. Oí decir que fue de capital francés, alemán o belga.
5. En 1783, en una Circular del Consejo de Castilla se dice “. . . hay pueblos cortos donde es conducente que los parientes se casen entre sí; pues no les conviene casarse con forasteras, que serían inútiles para la industria particular de la que viven.”
6. En Vallemoro había una capilla bajo la advocación de San Antonio Abad cuya imagen fue reparada por el cura de Espinaredo y
llevada al pueblo en procesión, y al pasar por esta collada se lanzaron gran cantidad de voladores.
7. Muchos eran hembras con crías de 2 años, ramoneando en muros con hiedra o árboles con brotes tiernos. Salvaron algunas madres porque alcanzaban a puntos más altos mientras las crías morían clavadas en la nieve. También contó Aurelio que 14 murieron a la orilla del río, varios se vieron desventrados por las alimañas y otros que parecían disecados



AGALLAS, ABOGALLAS, CECIDIAS…

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS POR MANUEL ANTONIO MIRANDA SALVO ADVERTENCIA EXPRESA

-¿Tiene antecedentes, precedentes, precursores, referencias…?
Preguntan médicos, policías, jueces, curiosos, empleadores, y todos los que se interesan por realidades inmediatas. Todos los seres, animados o no, los tienen, y a millones.
Eriophyes sexilis
Melampsora epitea (hongo) en Populus
También los tienen las agallas, estructuras tumorales que se forman en las hojas de algunos árboles como respuesta del vegetal  a la acción de un organismo exterior. El vegetal origina  un crecimiento anómalo de tejido para aislar el ataque.

Eriophyes laevis, en Alnus glutinosa

Eriophyes inangulis en Alnus glutinosa
En Quercus
Las agallas tienen antecedentes -pasados, claro- y poco conocidos. Las plantas y el resto de organismos han evolucionado simultáneamente y existen entre todos ellos relaciones tróficas, reproductoras, y de otros tipos, y representan una interacción muy elaborada y compleja. Corrientemente se asocia el término con las vistosas agallas de los robles sin  figurarse la pluralidad y complejidad de sus estructuras ni de las comunidades que sustentan.

En Quercus

En Quercus




El agente generador la utiliza para su nutrición o cobijo, a lo que responde la planta  con hipertrofia e hiperplaxia (los enrollamientos de las hojas producidos por algunos insectos no son agallas estrictamente porque no resultan de  una actividad anormal de crecimiento de la planta).
      Malpighi, s. XVII,  descubrió la relación de causa-efecto entre un insecto y su agalla; Beijerink, s. XX, la relacionó la actividad de la larva dentro de la misma. Así se inició la Cecidología, que estudia las agallas de las plantas.  
Bien surtida está la Naturaleza de formaciones vegetales  producidas por organismos muy diferentes, más de 15.000 especies de virus, bacterias, algas, hongos, protozoos, rotíferos, nematodos, ácaros e insectos. Antecedentes, tienen, como todos, y las más antiguas conocidas son del Cretácico, en Sassafras potomacensis.  
Hasta 13.000 especies de insectos cecidógenos se conocen, la mayoría unidos  a angiospermas.
La  picadura alimenticia y el alojamiento de la puesta (con pensión completa para las larvas) son necesidades que cubren las hojas de los vegetales y pueden llevar la introducción de saliva o secreción de las glándulas del aparato reproductor. El fenómeno se registra en todo el planeta con las características propias de cada lugar, y los insectos gallícolas son específicos para el  género o especie de planta hospedante.

En Salix


En Tilia
En Ulmus
En Fagus



Unas 500 especies de ácaros ocasionan cecidias, se conocen –ignoramos las que no conocemos, quizá muchas, muchas, muchas más- que forman agallas.  El ciclo de vida comienza con un huevo (es lo corriente) y la partenogénesis también tiene su momento, para salpimentar nuestro desconocimiento. Falta mucho –también- para el conocimiento sobre este tema y su ampliación es siempre una aventura arrebatadora, como todo el Conocimiento.
Extensa es la discusión sobre si las agallas son de valor adaptativo para la planta, para la planta y el visitante, para el visitante, o sin valor adaptativo; cualquier orientación concluye que el fenómeno vital es de alcance planetario y la globalización la han descubierto los humanos cuando se les vino encima.
La avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus)  es originaria de China, llegó a Japón en  1941, a Corea en 1963,  fue detectada en 1974 en EE.UU., en Italia en 2002, y en España en 2012. Su forma de reproducción es por partenogénesis, todas son hembras (no se conocen machos de esta especie). Pues esta avispada se encuentra en algunos castaños de los parques periféricos de la ciudad de Oviedo y, probablemente, conoce ya conoce toda la región.
En Castanea

En Castanea

En Castanea

En Castanea
Estos descubrimientos magnifican nuestra indefensión ante la Naturaleza y el maltrato que le damos. No se sabe si llegó con graneles o plantones, pero los árboles vistos por mí están muertos o muy enfermos.
No valen portaviones ni bombarderos contra este ejército, sólo se me ocurre la prudencia en los tráficos, los naturales no se pueden controlar y el peligro está en que los descontrolemos.
P.D.- En la composición específica de la comunidad de ácaros Mesostigmata en un hayedo (Fagus sylvatica L.) de Navarra […] representan a 41 especies de 14 familias y las especies más abundantes son Paragamasus ponantinus Athias-Henriot, 1967; Vegaia nemorensis (C. L. Koch, 1839); Paragamasus rothamstedensis Bhattacharyya, 1963 y Rhodacarus coronatus Berlese, 1921. M. L. Moraza; Graellsia, 63(1): 35-42 (2007)
En Tilia
En Rosa
En Rosa
En Salix
En Quercus
En Fagus






ABEDUL-SAN ESTEBAN

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS POR MANUEL ANTONIO MIRANDA SALVO ADVERTENCIA EXPRESA
 


A Abedul se llega desde Puentecastro, al sur de Tuña (o desde el concejo de Belmonte), punto de partida para un circuito que invita a actividades inabarcables.
Con atención se verá un letrerito de madera que indica el camino, se abandona el asfalto y una pista en buen estado nos acerca al río Genestaza. Prado, arbolado y un tramo faldeando por monte bajo con algunos argayos que se reactivan episódicamente.

Por la derecha flanquea importante verticalidad y al fondo el río Solanos (perfectamente observable en Google Drive que se ‘pincha’ al inicio del relato). De nuevo prados con vacas “roxas”, sebes, cabañas, limpios y limpiados, y unos cuantos miles de pasos más arriba se gana la carreterita asfaltada que llega a Abedul por el concejo de Belmonte.


No hay indicación escrita pero se ha de continuar por la derecha, hacia el sur.
Abedul

El aparcamiento de la entrada hace presumir que no transitan otros vehículos que los agrícolas; también se aprecia que la Iglesia llegó hace tiempo, marcó, y tomó posesión de su parcelita.
Por la entrada se piensa no habrá problema para salir pero…error, se prestan a confusión los diversos caminos, anchos, ganaderos evidentemente, como cordales. El problema es ínfimo porque se ve la collada a alcanzar y la pérdida es imposible.
Ya dominan los prados de diente y en todos se ven vacas, curiosas nos miran, mugen algunas y juegan los terneros. Todo bucólico y pastoril pero ya perdido para los urbanitas y, lo fatídico, es que los nativos quieren ser urbanitas.

Llegados al Collado Abedul se puede seguir hacia el oeste y asomarse a la Ventana de Genestaza (corte de la falla e inicio de la fana) o seguir por la izquierda, al este, hacia Brañavieja, al pie de Peña Manteca, entre el Alto de Cigüedres y el Collado Abedul, en la vallina Rechallu, nacimiento mismo del río  Cauxa (que tan bien aprovecharían los romanos para su laboreo del oro).

No hay romeros, turistas, peregrinos, milagros ni milagreros, vendedores de reliquias ni de “souvenirs”. El estado primigenio de la vida del pastor.

Continuar resulta tentador, cualquier opción es seductora, pero nos adentramos en el concejo de Belmonte de Miranda hacia San Esteban aguas vertientes al río Pigüeña. Damos con un camino que debió ser importante a juzgar por el firme empedrado, el roquedo es calcáreo y con patentes fósiles, que podrían ser y parecen tallos de crinoideos[i]

Fósiles

Llegamos a San Esteban y nos felicitamos por ello, ha sido una ruta que da miedo divulgarla porque sería patético que aparecieran promotores turísticos; están reservadas estas vías a los que buscan lo auténtico, genuino, “enxebre”.
Tan bien se está por aquí que los urbanitas pueden sentir miedo porque:
-¿Y si me pasa algo? -pueden pensarán. Algo pasará, seguro, y no tendrá remedio, pero no se sabe dónde ni cuándo. 

Se ha perdido tanto la individualidad que se puede sentir miedo de estar solo. Solos estamos siempre pero aquí es difícil que el marketing, la publicidad, o las propagandas perturben las mentes:
San Esteban es una aldea vieja, decaída, de construcciones tradicionales hermosas. Cada foto daría pie a una reflexión sobre la autarquía de la vida campesina: la panera, el truébano, el horno, y sus materiales de construcción; aperos, cosechas…

Horno, San Esteban, Villar de Zuepos
Hórreo, San Esteban, Villar de Zuepos
Panera, San Esteban, Villar de Zuepos

Si no se dispone de medios mecánicos debe iniciarse el retorno en este punto, un regreso largo, de buen andar, largamente kilométrico, y agotador. Continuar en vehículo a motor hasta Belmonte es una buena opción pero si se dejó el coche en el inicio de la ruta se ha de recuperar o… pedir otro a Alibaba o a Amazon y esperar a su recibo.




[i] En Caliza de Láncara (Cámbrico Inferior-Medio, 570-517 millones de años), lirios de mar, los equinodermos que se consideran más antiguos, formaron grandes espesores de caliza, fueron muy abundantes y hoy resisten unas 600 especies en diversos mares.

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